Han pasado 18 meses – casi dos años –
desde que mi hermano, mi familia y yo,
fuimos objeto de uno de los mayores
atropellos policiales y judiciales habidos
en el pais, el cual nos perjudicó para
toda la vida, y produjo severos daños al
patrimonio nuestro y de cientos de
acreedores que con confianza me prestaron
sus dineros cuales siempre les pague
puntualmente sus capitales e intereses
honrando mi palabra.
Al cabo de casi dos años, todavía no hay
una acusación formal de la Fiscalia, y
mientras tanto los efectos del atropello
se siguen produciendo y profundizando.
Estoy absolutamente seguro, porque sé
quien soy, y sé los valores que defiendo,
y porque creo profundamente en Dios que me
ha dado su inmensa fortaleza, que
saldremos bien librados de este amargo
episodio, detrás cual se esconden espurios
intereses.
Vengo una vez mas a reafirmar a
mis acreedores que mantengo la firme
voluntad de pagar mis deudas, en el
momento en que las condiciones así lo
permitan. Todo ello a pesar de las
historias y de las amenazas contra mi
hermano y familiares, todas injustas, que
se tejen incluso por internet, medio este
último que fabrica constantemente rumores,
mentiras y novelas fantasiosas.
Se equivocan rotundamente aquellos que
irresponsablemente me tratan de estafador
porque Ustedes, mis acreedores, son los
mejores testigos de que nunca lo he sido,
ni lo seré jamás.
Si hasta hoy no he podido pagar,
no ha sido porque no he querido, sino
porque no he podido, ni me han dejado
hacerlo pues la policía y los tribunales
inmovilizaron mis recursos, denigraron mi
honra en el sistema bancario nacional e
internacional, y me hicieron entrar en una
cesación de pagos involuntaria.
Entiendo que en un Estado de Derecho todos
estamos sujetos a ser investigados por las
autoridades competentes, pero eso no
autoriza a nadie a fabricar estereotipos,
ni espectáculos ante la prensa, ni a
estampar calificativos antojadizos y
ligeros como los que algunos nos endosaron
irresponsablemente, los cuales se
evidenciarán como falsos antes los
Tribunales de Justicia.
A todos aquellos que nos han injuriado y
denigrado sin conocernos, a quienes han
estado detrás de esta conspiración
malintencionada, a los que motivaron mi
salida del país ante las amenazas
recibidas, a los que se han prestado a
hacernos daño en lo más profundo de
nuestro ser, a todos les digo, que he
pedido reiteradamente a Dios, que me dé la
sabiduría del perdón.
Agradezco a los acreedores que me han
demostrado su solidaridad y que siguen
confiando en mi con abogados o sin
abogados porque saben que nunca les fallé,
aquellos que conocen que mi caso no es
comparable con otros, y que lejos de
enredar las cosas, me dan la oportunidad
de reiterarles mi voluntad de saldar las
deudas cuando las circunstancias así lo
permitan.
Aclaro para finalizar que el único
que podría cancelar y negociar el pago de
las deudas que mantengo con mis acreedores,
soy yo y nadie mas, pues fui la persona
que recibió los prestamos, y soy por tanto
el único responsable legal y moral para
pagar las deudas cuando las circunstancias
así lo determinen. Mis acreedores saben
que en el pasado nunca necesitaron de un
abogado para que yo les pagara.
Con la confianza puesta en Dios y con la
fe en la verdad y la justicia se suscribe
atentamente;